martes 27 de enero de 2009

DIOS ES UN CONDUCTOR DE AUTOBÚS

Que sí, que lo he visto.
Que más da que unos autobuses digan que Dios existe y que los otros autobuses digan lo contrario. ¿Que más da si encima, se cruzan? Bueno, eso no es posible, que las líneas van por zonas diferentes de Madrid.
Al final da lo mismo. Tanto si es publicidad positiva o negativa siguen publicitando el mismo producto: Dios
Así que, sale beneficiado.
Además, creo que es el propio Dios el que está haciendo este doble juego. Es como la competencia entre Pepsi y Cocacola, si casi saben igual (lo digo yo que no me entusiasma ninguna).
Bueno pues Dios se ha reencarnado en un conductor de autobús que hoy lo he visto. Había una mujer muy tonta esperando que se pusiera verde el semáforo para cruzar. Como era tonta, había avanzado un par de pasos sobre la carretera. A lo lejos, viene el autobús. Ella, no lo ve. Yo la miro gritándole por lo bajo: ¡Idiota! El autobús se acerca, pasa a dos milímetros de ella, la pita (piiiiiiii), ella se asusta, da dos pasos hacia tras. El autobusero la mira.
Se pone el semáforo en verde y ella cruza a toda pastilla la calle. Corre a la parada del bus que acaba de despegarse de ella ( de la parada, claro). Yo miro tranquilamente la escena mientras observo que ella aporrea la puerta para que le abran. Observo al conductor para ver qué cara está poniendo. ¿Le abrirá la puerta? ¿No se la abrirá? Su cara... me resulta familiar. ¿¡El mismo conductor de antes!? Jajaaja, arranca, echando esa mierda de humo que dicen que no contamina y leo en el culo del autobús: Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y goza de la vida.
Exista o no, deja de preocuparte: Dios conduce autobuses.

jueves 22 de enero de 2009

ANTES DE ACOSTARME

La peli de miedo me ha echado del salón. Me voy al baño, me lavo los dientes y pienso, voy a escribir, me siento en el retrete (por dios, qué palabra más bonita) y pienso en el día de ayer y no, no es asociación de ideas. Me enjuago la boca, me miro al espejo y digo: ¡soy una literata! voy a escribir.
Y no lo digo yo, lo dijo ayer el señor Juan Cruz. Habló de nuestro libro refiriéndose a él en términos de literatura. Por el amor de dios, literatura. Mi asignatura adorada de tercero de BUP. En aquella época creo que era la única de toda la clase que me leía todo, todo lo que pedían y mucho más. "Tiempo de silencio", "El árbol de la ciencia", "Rayuela", "La sombra del ciprés es alargada"... Amaba las palabras y las frases. Me sorprendía el efecto que producía en mi un texto. Me pasmaba el poder del lenguaje, la forma de una historia, la trágica vida de algunos personajes.
Pero no sabía que yo quería escribir. Solo sabía leer y leer y ya digo, muchas veces no sólo por la historia sino por las incesantes palabras que hoja tras hoja me transmitían más, mucho más que una imagen. Es más, la imagen se me queda corta porque rara vez coincide con mi imaginación.
Y ayer, dos de mis compañeros (uno y otro, Simpulso y Estilografic) en el libro "Blogs de papel" supieron transmitir esta sensación que tengo yo y Juan Cruz lo bordó refiriéndose a nuestro libro como a algo de valor literario.
Yo... yo no sé si quería ser literata pero aunque solo sea por unos días, aunque sólo sea por unos ojos que lean el libro, unas manos que pasen las hojas. Aunque solo sea por esa mujer que lleva nuestro libro en su bolso o el que lo tiene en la mesilla por unos días o unas noches, aunque solo sea por eso...
Cuando tenía 12 años me compré una libretita roja diminuta en la que apuntaba los minipensamientos más recónditos de mi corazón. Si hubiera sabido antes que aquello que ocultaba al mundo, se lo iba a contar años más tarde a todo el que lo quisiera leer a través de mi blog, si hubiera sabido que iba a publicar un minirelato. Pues no la habría tirado, ¿no? No, no era muy profunda.
Vale que sí, que a lo mejor no es para tanto pero es mío y un ratito de escritura antes de acostarme no cuesta nada.

domingo 18 de enero de 2009

QUÉ COSAS

Hace un tiempo, Javier Marías, se preguntaba que cómo es posible que mucha gente que escribe se exponga a un medio, el de los blogs, en el cual muchas veces sólo entran algunos mindundis para dar un poquito por culo.

Por un lado tiene razón, es más, yo acabé tan harta que se me quitaron las ganas de escribir, luego las ganas volvieron pero ya no tenía tiempo y cuando leí lo que había escrito Javier Marías, pues supe la respuesta.

Muchos blogueros escriben por necesidad pese al riesgo de que alguien venga y ponga en entredicho lo escrito. Siempre hay algún impertinente que te jode la marrana con sus comentarios absurdos pero, a diferencia de Javier Marias, yo, por ejemplo, no tengo la fortuna de que algún medio de comunicación me pague lo que escribo, ya que en ese caso, como decía Góngora: ande yo caliente... que si a alguien no le gusta lo que digo, que cante misa, si es menester.

Pero no, a mi no me paga ni blas así que con mayor motivo, escribo porque me gusta, sin esperar nada a cambio, sin recibir nada, bueno algo sí... satisfacción personal y como eso es difícil de conseguir hoy en día, pues viva los blogs y la madre que los parió.

Y que conste que a mi, gracias a mi blog, me han publicado un minirelato. Jamás me habría imaginado que podría ver mis palabras impresas en un libro. Y es que no sé por qué, pero es diferente. Las puedo ver en la pantalla, en el papel de la impresora, pero en un libro... Parece algo más auténtico.

Para los que os interese (y para los que no). Se acaba de publicar un libro titulado "Blogs de papel". Gracias a los editores Policarbonados y gracias, más aún a la Librería La clandestina. En dicho libro, quince blogueros han publicado un relato, un cuento, una carta que son una delicia leerlos. A excepción de alguno, nadie había publicado antes, ni se lo había planteado, ni sé si lo harán a partir de ahora pero, es que es una sensación estupenda tener el libro en las manos.

Es tremendo. Y dentro de unos meses, voy a plantar un árbol. Me queda tanto por escribir...