miércoles 25 de febrero de 2009

SI LLAMO

En uno de los contactos del móvil permanece tu nombre. Me lo he encontrado hoy de casualidad, buscando alguien a quien consolar tras tu ida.
Me ha chocado ver tu nombre y apellido. El apellido a medias porque no me cabía y porque era inconfundible de todas formas, para mi.
Por un momento he pensado en llamarte. ¿Porqué no? Es una tentación demasiado grande tener un número para marcar y no hacerlo.
Tan solo hace tres semanas te llamé para ver qué te pasaba. Tan solo hace tres días te vi desaparecer bajo una losa gris y pesada. Al fondo, muy al fondo de una tumba.
A lo mejor, si llamo...

viernes 13 de febrero de 2009

RELOJ NO MARQUES LAS HORAS...

"Próxima estación: Diego de León, correspondencia con línea tal y cual"
Salgo del vagón y pienso con aburrimiento que esta estación es un coñazo, tiene uno de los pasillos más grandes de toda la red de metro, menos mal que casi nunca la utilizo pero hoy, no me queda más remedio.
Enfilo el pasillo y a lo lejos oigo una canción: "Reloj, no marques las horas porque voy a enloqueceeeeerr..."
Vaya, la última vez que pasé por aquí un anciano tocaba un triste violín. Era tan anciano que parecía que se iba a desmigajar con un soplido. A su lado, sentada en una silla una mujer (su mujer supongo) le prepara un bocadillo. Saca la servilleta y se lo pone en el regazo esperando que el violinista termine de tocar la pieza. Me pareció tan maravillosa la escena que me quedé un rato haciendo como que escuchaba. Al final, les dí unas monedas y me fui con el alma en un puño. Cuánto amor en ese violín escondido en un pasillo del metro.
Hoy iba escuchando: "ella se irá para siempreeeeee..." Me sonaba la voz pero me parecía imposible. No podía ser y al volver la esquina, allí estaba él, con su carro de la compra granate, su sillita de playa y su voz.
¿Miro, no miro? ¿Saludo, no saludo? ¿Qué hace mi vecino en esta estación? Terminé por acostumbrarme a verle en la estación de Goya, la mía, la nuestra. Ya le tenía cogido el movimiento de cabeza al saludarle. Encontrarle aquí, fuera de nuestro lugar común...
¿Y ahora qué? ¿Qué pasa con el acuerdo tácito de no darle una moneda? Cuando me cruzo en el portal con la vieja del pelo amarillo refunfuñona no me planteo si darle una moneda.
Me pone nerviosa ver a este hombre, mi vecino. Me pone nerviosa y me hace gracia a la vez. Le oigo cantar en el metro y le oigo animar a su equipo de fútbol a través de las paredes.
"Reloj, no marques las horas..."

viernes 6 de febrero de 2009

TIEMPO MENTAL

- Hola
- Hola, ¿cómo ha ido?
- Mal, rematadamente mal, fatal, terrible. Le han abierto y está inundado. Lo que parecía un pequeño linfoma, es un cáncer extendido por todo el abdomen.
- ...
- ¿No dices nada?
- ¿Tengo que ir a verle?

¿Tengo que ir a verle? ¿Tengo que ir a verle?

Sí, tengo que ir. Para no olvidarme de quién soy, de dónde vengo.
Para no olvidarme de mi niñez, del sol, de la palmera, del mar, de mi primera comunión.

Quiero verle para recordar, aunque sea vagamente las manos de mi padre, los gestos, la voz. No será igual, pero son muy parecidos. Mi padre era mucho más guapo.

Claro, claro que iré a verle aunque se me parta el alma y aunque mi infancia empuje mis lágrimas absurdas.

...
...
- ¿Qué pregunta es esa?
- Nada, nada, estaba haciendo tiempo mental. Esta tarde iré.