Me he cambiado tantas veces de casa, que ya ni recuerdo. Bueno, sí, si hago memoria...
A ver, a ver. Nací en Madrid, me fui a la Coruña, después a Bilbao y de vuelta a Madrid al cabo de los años. Hasta ahí, culpa de mis padres.
Me fui de casa de mis padres a un pequeño apartamento en el centro de Madrid, en lo más castizo y bullicioso y tras un par de meses, me fui a vivir a Estados Unidos. Tras un año, volví a Madrid y me fui a un apartamento cerca del parque del Retiro. Las cosas no fueron bien y me ví obligada a irme a vivir piso compartido con dos chicas de las que no recuerdo ni sus caras.
En ese tiempo me encontré con una amiga del colegio y tras una hora de charla decidí irme a vivir con ella. El caso es que cuando llegué a la casa, resultó que no era ella sino su hermana la que pasaría a ser compañera de piso.
Tras un par de años decidió cambiarme a mi por su novio y de muy buenas maneras me pusieron de patitas en la calle y otra vez, me fui sola a un apartamento del tamaño de mi dedo meñique al lado del Retiro.
Mi hermana desocupó un pisito que estaba muy cerca y me cambié allí a vivir. Pasé unos años estupendos y me mudé, una manzana más abajo con mi chico.
En 2009 nuestro querido casero nos ha subido tanto el alquiler que hemos decidido mandarle a paseo. Así que tras años de aguantar obras en todas las calles colindantes del apartamento actual. Obras en nuestra casa, obras en la de arriba, obras en la de abajo, nos hemos liado la manta a la cabeza y nos vamos "na" más y "na" menos que, ¡a 27 kilómetros de Madrid!
Por dios, por dios, que sea la última y definitiva mudanza.
A ver, a ver. Nací en Madrid, me fui a la Coruña, después a Bilbao y de vuelta a Madrid al cabo de los años. Hasta ahí, culpa de mis padres.
Me fui de casa de mis padres a un pequeño apartamento en el centro de Madrid, en lo más castizo y bullicioso y tras un par de meses, me fui a vivir a Estados Unidos. Tras un año, volví a Madrid y me fui a un apartamento cerca del parque del Retiro. Las cosas no fueron bien y me ví obligada a irme a vivir piso compartido con dos chicas de las que no recuerdo ni sus caras.
En ese tiempo me encontré con una amiga del colegio y tras una hora de charla decidí irme a vivir con ella. El caso es que cuando llegué a la casa, resultó que no era ella sino su hermana la que pasaría a ser compañera de piso.
Tras un par de años decidió cambiarme a mi por su novio y de muy buenas maneras me pusieron de patitas en la calle y otra vez, me fui sola a un apartamento del tamaño de mi dedo meñique al lado del Retiro.
Mi hermana desocupó un pisito que estaba muy cerca y me cambié allí a vivir. Pasé unos años estupendos y me mudé, una manzana más abajo con mi chico.
En 2009 nuestro querido casero nos ha subido tanto el alquiler que hemos decidido mandarle a paseo. Así que tras años de aguantar obras en todas las calles colindantes del apartamento actual. Obras en nuestra casa, obras en la de arriba, obras en la de abajo, nos hemos liado la manta a la cabeza y nos vamos "na" más y "na" menos que, ¡a 27 kilómetros de Madrid!
Por dios, por dios, que sea la última y definitiva mudanza.








